Nací
en Cáceres, aunque he vivido muchos años entre Badajoz
y Madrid, ciudad de mi adolescencia y madurez.
De Extremadura conservo una viva imagen de sus paisajes y el recuerdo
placentero de sus sonidos y aromas.
Esa gran pasión por la naturaleza me inclina a elegir siempre
estos motivos pictóricos.
Mi
vocación ha sido tardía. Empezó como un entretenimiento
en las clases de dibujo de la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz
y continuó en Madrid con las clases de grabado de la pintora
Cristina Gayarre.

Pronto
cambié el rumbo hacia el óleo de la mano del pintor
y amigo Manuel de Valle. Y sigo aprendiendo un oficio que nunca se
aprende del todo. Eso es un gran reto que, además, es placentero.
Pinto
porque me divierte y me divierte cada nueva pincelada que aprendo. Si
mis amigos y otras personas disfrutan viendo lo que hago, me doy por
satisfecho.